El gusano
En sus momentos de silencio,
En los ocios de su vida
Jamás quiso escuchar, solo oía su propia voz que retumbaba y como eco volvía
Y envolvía su cuerpo cual capullo.
Siempre fuera, el cariño, le esperaba rondando, tratando de encontrar un hueco por donde entrar. Y gritaba y cantaba y no se escuchaba su cantar, porque el gusano tenía ocupados los oídos en su chillar.
Y sentía en su capullo que no podía caminar, sin embargo se libraba y salía a pasear.
Sin cadenas se ataba a la rueda de la perdición y continuaba sin escuchar del cariño el cantar.
Y gritaba y discutía cuando el cariño
Preguntaba por su día. Y sin más encontraba en un insulto la salida.
El cariño desganado no podía continuar este camino que al llanto le iba a llevar.
Un día sintió un dolor profundo y un sonido crudo escuchó en su abadía, el gusano por farsa caía.
El pueblo enfadado al gusano perseguía.
Y el cariño en su mirada compasión aún sentía el gusano al saltar del risco enorme al que la gente lo empujaba, salió de su capullo hecho una fea polilla.
La gente sin asombro, al producto del capullo asumían. Por su diaria vida de farsante, mentiroso, sordo y cruel lo conocían
Sin reparo lo atraparon en su propia red de trampa y sin que nadie se negara lo dejaron encerrado en su cárcel.
Por su carácter nadie lo visitó, ni llevó pan ni agua para que viviera.
La polilla recordó que algún día había tirado el agua qu7e el cariño le ofreció. Y en su silencio lúgubre trató de recordar una canción. No encintraba ninguna que su propia voz no cantara recordaba los labios del cariño moviéndose pero solo su propia voz escuchaba.

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